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Los investigadores, de la División de Investigación Kaiser Permanente de Oakland, en California (Estados Unidos), siguieron a un total de 21.123 hombres y mujeres de distintas etnias de mediana edad, a lo largo de 23 años. En comparación con los no fumadores, aquellos que consumían más de dos cajetillas diarias tenían un 157 por ciento más de riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y un 172 por ciento más de sufrir demencia vascular durante el periodo de tiempo estudiado. Los ex fumadores y los no fumadores no incrementaron este riesgo.
Un total de 5.367 individuos (un 25,4 por ciento) desarrollaron demencia durante la investigación y, de ellos, 1.136 sufrieron Alzheimer.
"El estudio demuestra que el cerebro no es inmune a los efectos a largo plazo de fumar en exceso", explica Rachel A. Whitmer, autora principal del trabajo. "Sabemos que el tabaco pone en peligro al sistema vascular, ya que tiene efecto sobre la presión sanguínea y eleva los factores de coagulación, y que la salud vascular tiene importancia en el riesgo de sufrir Alzheimer".
Según Minna Rusanen, de la Universidad Oriental de Finlandia y del Hospital Universitario Kuopio, también en Finlandia, y coautora del estudio, por ahora creen que la relación entre el tabaco y el Alzheimer y la demencia vascular es compleja y que puede conllevar efectos perjudiciales en los vasos sanguíneos cerebrales, así como en las neuronas.
Los resultados de la investigación no variaron en función de la raza o del sexo
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