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LA QUIMICA DE LA ADICCION NICOTINICA

Desde el punto de vista médico el tabaquismo es una adicción. La nicotina es la droga que determina que el fumador sea adicto. El síndrome de abstinencia hace que el fumador necesite encender otro cigarrillo para incorporar la dosis de nicotina habitual en su organismo. Para comprender el proceso de la adicción nicotínica es necesario recorrer la neurobiología de la adicción.

La nicotina contenida en los cigarrillos es un poderoso elemento psicoactivo, que puede utilizarse para aliviar la ansiedad, mantener controlado el peso, mejorar la concentración o facilitar el contacto social. Todas ellas son funciones inmediatas, seguras y de gran valor adaptativo. Sus efectos negativos, por el contrario, aparecen tardíamente. Además, a diferencia de la administración de alcohol u otras drogas, es compatible con cualquier actividad, ya que es posible fumar mientras se realizan otras tareas. Por si fuera poco, sigue siendo una adicción socialmente tolerada.

¿Cómo se comporta el sistema nervioso central frente al tabaco?
“El cerebro tiene receptores para la nicotina. Está demostrado que a mayuor consumo de nicotina existe mayor número de receptores cerebrales para ella. Estudios de experimentación con animales demostraron que quienes estaban expuestos a la nicotina aumentaban hasta el 100% estos receptores”.

La nicotina penetra en la sangre a través de los pulmones y llega al sistema nervioso central en apenas 7 a 10 segundos. Allí se une a los receptores correspondientes y produce la liberación de diversas neurohormonas -dopamina, adrenalina, noradrenalina, serotonina, etc-. Estas sustancias químicas son las responsables de las sensaciones sedantes, antidepresivas, de placer o alegría, así como la disminución del apetitio, el aumento de la concentración y la atención, generando una sensación de bienestar denominada recompensa positiva.

Cuando el organismo no recibe la dosis de nicotina acostumbrada, dispara una violenta reacción llamada síndrome de abstinencia. Unas pocas horas después que el fumador se abstiene de fumar experimenta síntomas tremendamente molestos: enojo, irritabilidad, angustia, depresión,. insomnio, alteraciones en la capacidad de atender y concentrarse, aumento del apetito.

Estas reacciones son las responsables de que el individuo quede atrapado en un círculo vicioso: para no experimentar esa reacción psicofísica, vuelve una y otra vez a su falsa fuente de placer, la nicotina, que se autoadministra en mínimas y continuas dosis diarias.
“Un fumador medio consume alrededor de 20 cigarrillos por día”, ejemplifica Smith. “Si cada cigarrillo se consume en 10 pitadas, el adicto medio al tabaco se administra diariamente ¡200 dosis de nicotina! Mucho más que la administración habitual de cualquier otra droga. Y la inmediatez de los efectos incrementa aún más su potencial adictivo”.

Dado que un tratamiento verdaderamente efectivo contra el tabaquismo debe necesariamente contemplar el compromiso orgánico de la adicción, es importante realizar una evaluación cuantitativa del nivel adictivo. Mediante una prueba específica denominada Test de Fargestrom se valora el grado de dependencia de cada fumador para establecer el tratamiento médico adecuado, que a lo largo del proceso terapéutico irá disminuyendo progresivamente el nivel de nicotina.

Claro que la nicotina es apenas una de las 400 sustancias químicas escondidas detrás de la presunta inocencia de un cigarrillo. Su poder es tal que según estimaciones internacionales, ninguna droga, guerra, epidemia o catástrofe ha matado tanta gente en la historia de la humanidad como lo hizo el tabaco.






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