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Las tabacaleras no se dan por vencidas

Establecer la prohibición de fumar y poner todo el esfuerzo necesario para que la restricción efectivamente se cumpla es dar un paso decisivo en defensa de la salud pública. Sin embargo, a contramano de la tendencia mundial en ese sentido, un estudio del Departamento de Salud Pública de Massachusetts, Estados Unidos, detectó que las tabacaleras aumentaron entre un 10 y un 20 por ciento en los últimos seis años la cantidad de nicotina en los cigarrillos, con el fin de retener a fumadores haciéndolos más dependientes a la adicción a fumar.

Los datos que permitieron llegar a esta conclusión provienen de los reportes que, por ley, deben remitirle las compañías tabacaleras que venden cigarrillos en ese estado. Massachusetts es uno de los únicos tres distritos norteamericanos que exige a las empresas remitir cada año esa información. El trabajo también encontró que, entre 1998 y 2004, hubo un incremento del 10 por ciento de nicotina en casi todas las marcas de cigarrillos.

Días atrás, la jueza Gladys Kessler, del Tribunal Federal del Distrito de Columbia, Estados Unidos, dictaminó que la industria tabacalera ha conspirado durante décadas para engañar al público sobre el daño que causa fumar. Por esa razón les ordenó que dejen de etiquetar los cigarrillos como "bajos en alquitrán", "naturales", "light" o con otras "descripciones engañosas que implícita o explícitamente hacen creer al fumador, o potencial fumador, que son menos riesgosos para la salud que los cigarrillos normales".

Si bien la nicotina es la sustancia que más se relaciona con el hábito de fumar, se sabe que el humo del cigarrillo también contiene acetona, arsénico, butano, cadmio, monóxido de carbono, formaldehído y fenol, sólo para mencionar algunos de los muchos componentes identificados. Sesenta de esas sustancias se han relacionado, de manera directa, con la producción de cáncer de pulmón.

Un año atrás la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires dio un paso fundamental al sancionar la ley de control del tabaco -prohíbe fumar en bares, restaurantes, paseos de compras, cibercafés y todo establecimiento privado con acceso al público-, que deberá entrar en vigor el 1° del mes próximo. Sería conveniente que las autoridades de la Ciudad reglamenten en tiempo y forma la norma y contribuyan de ese modo a que Buenos Aires esté más cerca de ser en un lugar libre de humo.

Desde marzo último no está permitido fumar en los edificios públicos de la Ciudad y a partir del 1º del mes próximo dicha restricción se extenderá al ámbito privado, previéndose multas de entre 500 y 2000 pesos para dueños o responsables de bares y restaurantes que no hagan cumplir la norma. Además, la ley elevó de 16 a 18 años la edad mínima para comprar cigarrillos y prohibió, a partir de 2007, la publicidad de tabaco en la vía pública.

Más de 40.000 personas mueren por año en la Argentina como consecuencia de enfermedades producidas por el consumo de tabaco, de los cuales entre 6 y 7 mil son fumadores pasivos. La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de cinco millones de personas al año mueren por causas asociadas al hábito de fumar.

Es de esperar que el aumento de nicotina descubierto en los cigarrillos por investigadores norteamericanos configure un hecho aislado y limitado a un período determinado, y que no se haya extendido al total de la industria tabacalera porque sería un grave retroceso en la lucha contra el consumo de tabaco y un ataque directo a la salud de la población mundial.
Editorial del Diario La Nación del 07 de Septiembre de 2006
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