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Creados en China y comercializados principalmente a través de internet en países como Brasil, Gran Bretaña, Canadá e Israel, estos dispositivos aumentaron su popularidad pese a que carecen de aprobación regulatoria, señaló la agencia de Naciones Unidas.
Un cigarrillo electrónico clásico consiste en un tubo de metal con una cámara que contiene nicotina líquida en un cartucho recargable. Los usuarios los aspiran pero no los encienden, lo que les permite evadir las prohibiciones de fumar en lugares públicos, según la OMS.
Sin embargo, inhalan cierta cantidad de nicotina que llega a sus pulmones, "además de muchos otros compuestos tóxicos de los que no estamos seguros," dijo Douglas Bettcher, actual director de la Iniciativa Libre de Tabaco de la OMS.
"La Organización Mundial de la Salud no conoce evidencia científica de ningún tipo que confirme que el cigarrillo electrónico es un dispositivo seguro y efectivo para la cesación del tabaquismo," señaló Bettcher en conferencia de prensa.
"No se han realizado pruebas de toxicología y ensayos clínicos sobre este producto," manifestó el funcionario.
El cigarrillo electrónico aún debe demostrar que es una terapia legítima, como los chicles, parches y pastillas de nicotina que ayudan a los fumadores con la adicción, indicó la OMS.
"Si los fabricantes y comerciantes del cigarrillo electrónico quieren ayudar a los fumadores a abandonar el hábito, entonces deberían operar dentro de los marcos regulatorios adecuados" .
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