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La evolución natural de la persona es ir perdiendo todo tipo de facultades, incluida la función eréctil. Pero hay una tendencia a querer la mejor calidad de vida posible, y esta cuestión forma parte de esa calidad de vida. Incluso en personas con más de 80 años. En casos en que se descarte una patología seria y no haya contraindicación, pueden ofrecerse tratamientos. Bien es cierto que luego hay factores de riesgo, como la diabetes, la hipertensión, el colesterol, porque todos ellos dificultan el flujo de sangre a las arterias del pene. Pero existen tratamientos. La filosofía es mejorar la calidad de vida sin generar riesgos. ¿Hay factores de la vida cotidiana que predisponen a la disfunción?
Sí. Situaciones de ansiedad o de estrés a causa del trabajo o de otros problemas son proclives a generar problemas en las erecciones. Un factor clave es el tabaco, que se comporta como un tóxico que cierra las arterias del pene, que son muy finas. Y, a la inversa, los problemas de erección provocan situaciones de baja autoestima y los tratamientos pueden contribuir a mejorar los cuadros de ansiedad o depresión.
¿Existen paralelismos entre la andropausia y la menopausia?
El origen de la andropausia es una disminución de la testosterona, que no sólo merma el apetito y la potencia sexuales, sino que reduce la presencia de minerales en el hueso, disminuye la memoria y la masa muscular, nos hace más irritables. Las repercusiones de la falta de testosterona son abundantes, lo que ocurre es que el aspecto sexual es el que más auge tiene.
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